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lunes, 23 de febrero de 2009

Una escuela convertida en basurero

Pasar frente al lugar lastima la mirada y causa desolación. El sitio fue clausurado por el Ministerio de Cultura y Educación de la provincia hace casi una década, cuando la matricula de alumnos descendió a casi cero. Hoy la antigua Escuela Rural 85, Colonia Belvedere, es un edificio arruinado, en cuyas inmediaciones crecen yuyales, se alimentan cerdos y se acumulan cientos de bidones vacíos de herbicidas tóxicos, que necesitan de un triple lavado. Junto a ellos, se alzan pilas de lonas plásticas de los silos bolsas, entre aguas estancadas.En un tiempo, la escuela arropó a chicos de General Pico, Trenel y la zona rural. Ubicada a pocos metros de la ruta provincial 4, solo queda de ella un cartel clavado en el paredón, un mástil sin bandera y un aljibe seco. El estado de abandono se apoderó del edificio escolar, para convertirse en un depósito de desechos.Las aulas, donde se educaron muchos de los habitantes de la zona, son un testimonio del pasado. La lluvia acumula tantas lagunas afuera, como hacia adentro de las paredes. No solo estudiantes se formaron en la Escuela 85. Aún hoy rebotan en la memoria los "bailes de campo", que animaban orquestas locales y que unió parejas y forjó más de una familia.Muchos de aquellos niños, hoy adultos, tienen palabras de afecto para el establecimiento educacional que los formó. Casi todos coinciden en que les da "pena" y "tristeza" ver en qué estado está y el fin al que fue destinado. Según una fuente de la Dirección General de Educación, el cierre se produjo en 1999. A partir de ese momento, se puso en marcha un procedimiento para otorgar en comodato el lugar, de igual manera que con otras escuelas rurales."Creo que el sitio merece otra finalidad y un mantenimiento adecuado: da mucha lástima ver que se ha convertido prácticamente en un basural", dijo una ex- alumna.Cuando los niños cursaban los estudios primarios, llegaron a funcionar dos aulas y los pisos "brillaban" de limpieza. En el patio, que se utilizaba en los recreos, había una fuente y un juego de hamacas. Los alumnos se formaban en la galería, en doble fila, antes de ingresar a su grado."Algún día de chica, soñé que volvería como maestra a este lugar, pero hoy es pura nostalgia ver en qué terminó", dijo otra alumna, que pasó toda la escuela primaria en sus aulas y hoy ejerce la docencia.
La Arena pudo confirmar que funcionarios de educación de menor rango están preocupados por el aspecto que brinda el sitio. Por eso se podrían en marcha algunas acciones para recuperarlo. En la iniciativa, hasta se piensa en involucrar a los municipios cercanos, ex-alumnos y ex-docentes.Entre el desamparo, la suciedad y los cerdos, hay un edificio que un día fue escuela. Quizás, un destino más digno respete la memoria de la comunidad educativa que escribió sus primeras palabras en sus pizarrones y dejó huellas grabadas en sus pupitres.

domingo, 26 de agosto de 2007

El pupitre en el rincón

El 15 de setiembre la Escuela 54 cumple 98 años. Ese día van a reencontrarse los alumnos egresados en 1957. Esa tarde caminarán por la calle Alem con su vereda llena de fresnos y cruzarán la doble puerta por donde emigraron hace 50 años. A la derecha podrán leer la misma frase de aquellos tiempos escrita en letras metálicas: “Este edificio ha sido construido por el gobierno nacional” y por las ventanas podrán observar el jardín con sus palmeras, pinos y arbustos. Más allá el mástil y la bandera argentina.
En el fondo de una de las aulas los antiguos pupitres están guardados en un rincón. Sobre sus tapas de madera gastada permanecen tallados nombres de otras épocas. Recuerdos dibujados en letras imperfectas. En un tiempo ocuparon cada aula bautizada con apellidos de próceres: San Martín, Belgrano o Moreno perduran en retratos colgados arriba de los pizarrones.
Sobre los pupitres colocaban su tintero y su pluma. En al mueca de la madera el lápiz. En la pared del fondo colgaban sus ropas. En los armarios guardaban los útiles y mapas. En pocos días esos ojos ahora adultos volverán sobre las miradas de la infancia.
El aroma de los recuerdos los llevará a ese viernes de 1957. Cuando el ancho pasillo que estaba repleto de familiares. Sobre el escenario montado en el fondo maestras y alumnos iniciaron la despedida. Los nombraron de a uno para entregar el boletín y el diploma que acreditaba la terminación de la escuela primaria. Algunos saltaron. Otros corrieron. Calificación del alumno: “suficiente”, decía el boletín de Hugo, Rodolfo, y Jorge. También los de Mabel, Noemí y Estela. Junto a ellos otros boletines y otros suficientes. En total 39. Después colgaron su guardapolvo blanco, guardaron sus cartucheras, archivaron manuales.
El día del reencuentro seguramente retornarán las anécdotas y las historias. Muchos continuaron la vida en el pueblo. Otros emigraron. Algunos ocuparán el lugar de la ausencia. Por su memoria marchará el portafolio lleno de cuadernos y el sonido de la campana. Esa que las manos del portero hacía sonar puntualmente para anunciar la hora del recreo o la salida. La misma que hoy luce en una vitrina y cuyas letras en relieve destacan: “Consejo Nacional de Educación”.
Cuando egresaron las calles de tierra rodeaban el edificio de la escuela. Y los juegos juveniles eran otros juegos. La rayuela dibujada en el piso o la pelota rebotando en paredes grises unía a los varones. Las mujeres saltaban el elástico enganchado en sus piernas. Otros, en una ronda sentados en el piso con las piernas cruzadas lanzaban cinco piedras al aire que las palmas de las manos trataban de atajar. Una demostración de destreza y habilidad en campeonatos de payanas interminables.
Cuando el calor del sol asomaba con fuerza las hamacas balanceaban los cuerpos. En invierno, las salamandras alimentadas a leña apiñaban a los niños que traían leña pequeña desde sus hogares.
Hoy, las calles lucen asfaltadas y los calefactores entregan calor a las aulas. Los chicos llegan a clase en bicicleta portando mochilas en la espalda. Pero el aroma a fresno permanece como hace décadas, quizás señalando que el mejor camino siempre es la escuela.